CONSTITUCIONES
Congregatio Fratrum Immaculatae Conceptionis Beatae Mariae Virginis
Congregación de los Hermanos de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María
"DIOS ES AMOR"
CONTENIDOS
PRIMERA PARTE: LA VIDA EN NUESTRA CONGREGACION
SEGUNDA PARTE: EL CRECIMIENTO DENTRO DE NUESTRA CONGREGACION
6. El período de preparación y el noviciado
7. La profesión y la formación continua
TERCERA PARTE: EL GOBIERNO Y LA ADMINISTRACION EN NUESTRA CONGREGACION
10. Las provincias y las comunidades
11. Los bienes temporales y su administración
CUARTA PARTE: DISPOSICIONES FINALES
CITAS
REFERENCIAS
Creemos que estamos llamados a formar una comunidad apostólica y fraterna de religiosos.
En comunión fiel con Jesucristo, en comunión unos con otros y con toda la humanidad, nos comprometemos a hacer crecer continuamente el Reino de Dios en nosotros mismos, en nuestra comunidad, en la Iglesia y en el mundo en que vivimos.
Como Congregación nos dedicamos principalmente a la educación y a la formación cristianas, permaneciendo abiertos a los signos de los tiempos y al Espíritu que sopla donde quiere.
Nos preocupamos particularmente de las personas y grupos a los que Jesucristo dedicó especial atención.
Nos llamamos hermanos y deseamos sinceramente serlo unos de otros y de toda la humanidad, tanto recibiendo como dando amor.
María es nuestra fuente de inspiración y nuestra Patrona.
PRIMERA PARTE
LA VIDA EN NUESTRA CONGREGACION
Ser persona
1 Vivimos en este mundo como personas, juntamente con todas las demás personas. Como todos los seres humanos, deseamos lo mejor para nuestra vida y anhelamos la felicidad más profunda y más perfecta.
Por ello, la misión de nuestras vidas consiste en ser verdaderamente personas y nosotros queremos tomar muy en serio esta misión.
En Dios
2 Lo expresado anteriormente se apoya en nuestra fe en Dios, fundamento de todo nuestro ser. Creemos que toda nuestra vida se desarrolla en el espacio infinito de un Dios personal que es Amor, que nos envuelve a nosotros, a todos los hombres y mujeres y a todo cuanto existe.
Dios, hombre con nosotros
3 Somos seres limitados. Por eso, si Dios no se revela permanece incomprensible para nosotros. Pero creemos que se ha revelado. En Jesús de Nazaret vemos la imagen viva de Dios. En Jesús de Nazaret Dios es hombre con nosotros.
Creciendo hacia Jesús.
4 Jesús nos revela cómo ha de ser el hombre que cumple cabalmente la voluntad de Dios. Por eso, para nosotros ser una buena persona y ser cada día mejor, significa crecer hacia Jesús, inspirarnos en su vida, hacer que la Buena Nueva de la llegada del Reino de Dios sea nuestro propio mensaje.
Vivimos este ideal de modo limitado e imperfecto, pero también confiados en la fuerza de la gracia de Dios que nos eleva por encima de nosotros mismos.
En la Iglesia
5 Cristo nos llama a consagrarnos para la venida del Reino; el Reino de "justicia, paz y alegría en el Espíritu Santo". 1)
Lo hacemos como miembros de su Iglesia, destinada por Cristo a ser levadura que fermenta todo y germen vigoroso de unidad, esperanza y salvación. a)
Como hermanos
6 En esta Iglesia tratamos de dar forma a nuestra consagración al Reino según el modo propio de nuestra congregación.
La Buena Nueva de Jesús es nuestra Regla de Vida más fundamental. A través de nuestros votos nos comprometemos, por el Reino, a la obediencia religiosa, a la pobreza religiosa y al celibato consagrado.
Reunidos en el nombre de Jesús formamos una comunidad fraterna, y movidos por su Espíritu tratamos de ser hermanos unos de otros y de todos los seres humanos.
Nuestra congregación es un instituto religioso laical masculino de derecho pontificio dedicado a obras apostólicas.
Luis Rutten
7 Nuestra congregación fue fundada en 1840 por Luis Rutten. Este joven sacerdote se sintió llamado a ofrecer su vida entera y poner todos sus bienes al servicio de la educación y formación cristianas de la juventud.
Su primera preocupación iba dirigida hacia la juventud pobre y abandonada de su ciudad natal de Maastricht, donde las condiciones sociales eran extremadamente malas en aquel tiempo.
Bernardo Hoecken
8 En 1840, siendo aún novicio y sus compañeros aspirantes, Bernardo Hoecken se convirtió en el primer superior de la primera comunidad de la Congregación. En 1842, Bernardo se encontraba entre los primeros hermanos que pronunciaron sus votos y, durante muchos años, guió la creciente comunidad junto a Luis Rutten.
Tal como él, manifestó una preferencia apostólica por la educación y la formación cristianas. Con fuerza insistía en que los hermanos no perdieran nunca de vista a los pobres.
Según el espíritu de nuestros Fundadores
9 Nuestros Fundadores eran personas comprometidas, llenas del Espíritu de Jesús. Cautivadas por su persona y su mensaje sintieron la vocación y la misión de difundir su Buena Nueva.
Vivir según el espíritu de nuestros Fundadores significa tratar de seguir su ejemplo en nuestro tiempo y en nuestras circunstancias y proteger su patrimonio.
Proteger su Patrimonio
10 Proteger el patrimonio de nuestros Fundadores significa para nosotros:
- preocuparse intensamente de las necesidades espirituales y religiosas e interesarse por una transmisión actualizada y culturalmente integrada de la fe;
- considerar la educación, la formación y la enseñanza como nuestra tradición apostólica más importante;
- demostrar, en todo tiempo y lugar, una preocupación especial por los pobres y los necesitados;
- mantener una actitud abierta a todas las formas sanas de progreso;
- dar gran valor a la vida comunitaria fraterna: nos llamamos hermanos y pretendemos hacerlo realidad en nuestra vida diaria;
- venerar de una manera especial a María. b)
Nuestros hermanos difuntos
11 No sólo queremos mantener viva la memoria de nuestros Fundadores sino que también sentimos una relación permanente con nuestros hermanos difuntos. Agradecidos por su ejemplo inspirador honramos de igual modo su herencia espiritual. Los tenemos presentes en nuestras oraciones y nos encomendamos a su intercesión.
María
12 María es la Patrona de nuestra Congregación y con agrado ponemos nuestras vidas bajo su especial protección.
Nos llamamos Hermanos de la Inmaculada Concepción. (Fratres Immaculatae Conceptionis; F.I.C.).
La vida de María estaba consagrada enteramente al servicio de su Hijo. Se consideraba a sí misma como una humilde sirvienta, en quien Dios hacía maravillas.
En su Magnificat sentimos con gozo su predilección por los pobres y los necesitados y su anhelo por la justicia y la rectitud. Ella es la madre de todos los fieles. A través de todas sus dudas e inseguridades permaneció fiel a su Hijo incluso hasta el Calvario. Por eso la llaman bienaventurada todas las generaciones. Ella es también para nosotros fuente de inspiración y ejemplo que queremos seguir. En nuestras oraciones invocamos su ayuda.
La organización de nuestra vida
13 A fin de estar en condiciones de realizar juntos nuestros ideales, siguiendo los pasos de nuestros Fundadores, es preciso establecer acuerdos en conjunto. Esta es la función de:
- nuestras Constituciones,
- nuestro Estatuto Congregacional,
- los Estatutos Provinciales,
- los reglamentos que se refieren a cada una de las comunidades.
La finalidad de los reglamentos
14 Los reglamentos propios de nuestra Congregación como asimismo los del Derecho Canónico tienen como finalidad ayudarnos a vivir nuestro ideal evangélico. Guiados por las palabras de Jesús: "El sábado ha sido hecho para el hombre y no el hombre para el sábado" 2) siempre debemos estar atentos a fin de que una ley no coarte nunca el propósito por el cual esa ley fue promulgada.
Convocados y enviados
15 Como hermanos nos sentimos convocados y por ello enviados a continuar la obra de Jesús. El pasó haciendo el bien, fue testigo de la verdad, vino para servir, vino para salvar y trajo el mensaje liberador del Reino de Dios como un mensaje de amor. Nos invita a ponernos totalmente al servicio de este Reino.
Según el espíritu de nuestros Fundadores
16 Deseamos realizar esto según el espíritu de nuestros Fundadores. Nos sentimos vinculados a ellos. Hacemos nuestro su amor y su preocupación. Consideramos su patrimonio como algo precioso y solamente se puede conservar vivo si damos una respetuosa atención a nuestra tradición y estamos abiertos a los signos de los tiempos.
Según el espíritu de nuestros Fundadores, nuestra tarea apostólica como Congregación se encuentra específicamente en el campo de la educación, de la formación y de la enseñanza.
Nuestra preocupación principal
17 Afirmamos que vivir según el espíritu de los Fundadores particularmente significa: preocuparse de modo especial de los pobres y desamparados, de los postergados e incapacitados, de los grupos socialmente débiles y olvidados, de los que reciben poco amor.
La transmisión de la fe
18 Vivir según el espíritu de nuestros Fundadores implica también que en nuestra actividad apostólica debemos velar por una transmisión actualizada y culturalmente integrada de la fe.
Fuera del propio país
19 Una tradición de gran valor en la Congregación es la disponibilidad para cooperar fuera del propio país en la edificación de un mundo más humano. Muchos hermanos dejan su propio pueblo y su propia cultura para difundir la Buena Nueva de palabra y obra en otros países y para construir el Reino de Dios.
Imbuídos de un espíritu apostólico
20 El apostolado es más que el mero trabajo; es más rico y profundo. El trabajo puede convertirse en apostolado por la dedicación y el amor con que se realiza y por la disposición fundamentalmente religiosa que lo sustenta. Nuestro ideal es que toda nuestra vida esté imbuída de un espíritu apostólico. c)
A conciencia y de modo efectivo
21 El querer organizar nuestro apostolado a conciencia y de modo efectivo exige de nosotros, entre otras cosas, estar bien informados de las tendencias espirituales y necesidades contemporáneas y de las condiciones de los países y lugares donde trabajamos.
Disponibilidad
22 A nuestra congregación se le pide una gran disponibilidad y generosidad. Hemos de estar dispuestos a entregarnos enteramente en cualquier lugar y del modo que más convenga. Esto requiere valentía y abnegación, pero también prudencia equilibrada y ponderación de nuestras posibilidades. Nuestra comunidad siempre estará limitada en sus posibilidades por tradición y circunstancias externas; por el número de sus miembros; por las limitaciones propias de la naturaleza humana y la flaqueza de sus miembros. Un trabajo excesivo y demasiado heterogéneo conduce, a pesar de todas las buenas intenciones, a poca profundidad y a una dispersión de fuerzas.
Como lo pide la Congregación
23 En nuestro desempeño apostólico se espera de nosotros que trabajemos dónde y cómo la Congregación, a través de nuestros superiores, nos lo pide, también cuando la petición va en contra de nuestros deseos, preferencias u opiniones. Esto puede resultar sumamente difícil, pero como religiosos nos hacemos disponibles de manera total.
Juntos con otros
24 La disponibilidad total significa además que gustosamente queremos cooperar con otros, también cuando trabajamos fuera de nuestra Congregación e incluso en cargos subalternos.
Servir lo mejor posible
25 La disponibilidad total pide de cada uno de nosotros que nos desarrollemos del modo más adecuado y armonioso posible, no sólo durante nuestros años de formación, sino continuamente, a través de toda la vida. Quien se pone a disposición de una congregación apostólica debe formarse para ser lo más útil posible. La política global de la Congregación debe estar también marcada por la preocupación en la formación permanente y en el desarrollo continuo de sus miembros.
Una misión común
26 Todos los hermanos participan, de una u otra manera, en nuestra misión apostólica común y, en el cumplimiento de su tarea, pueden contar con el apoyo de la comunidad. Dentro de la comunidad las deliberaciones sobre la elección de nuestras actividades apostólicas y la manera de realizarlas son siempre necesarias. En nuestras deliberaciones queremos estar atentos a los signos de los tiempos y abrirnos desde la fe a lo que el Espíritu nos pida.
Persona y comunidad
27 La tarea personal de cada uno de nosotros hay que mirarla a la luz de nuestra misión apostólica común dentro de la Iglesia. Nuestras tareas pueden variar considerablemente y dependerán de las necesidades a las que la comunidad se ha comprometido, del propio discernimiento y de las deliberaciones realizadas dentro de la comunidad. También dependerán del discernimiento de quienes ejercen la dirección y de los dones que cada uno de nosotros ha recibido del Espíritu. "Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor." 3)
Cada uno de nosotros puede usar sus dones para servir a los demás, conscientes de que todos somos limitados y que nos necesitamos unos a otros. "El cuerpo tiene muchos miembros, no uno solo." 4)
En la alegría y la tristeza
28 Nuestro ministerio puede proporcionarnos grandes satisfacciones, hasta el punto de cautivarnos y hacernos crecer. Entonces podemos experimentar la profunda alegría humana de ser creativos. Esto requiere esfuerzo, que será recompensado en el momento que veamos los resultados. Por lo tanto es una bendición poder trabajar y ser capaces de alcanzar algo; es una bendición poder ayudar a los demás a través de nuestro trabajo en cualquier campo de acción. Es una fuente de alegría y nos enriquece, a pesar de todas las preocupaciones y dificultades que ello conlleva. Nuestro ministerio trae también consigo decepciones, originadas por los defectos propios y ajenos. Es un consuelo saber que el sacrificio y el sufrimiento pueden ser beneficiosos para nuestro trabajo, que puede volverse aburrido y monótono, careciendo de todo brillo externo. En estas circunstancias se nos pide perseverar con creyente lealtad. "Nosotros no nos predicamos a nosotros mismos, predicamos que Cristo es el Señor y nosotros siervos de ustedes por Jesús." 5)
La organización de nuestra vida
29 La organización de nuestra vida tiene que estar en armonía con las exigencias del apostolado. No se espera de nosotros que llenemos nuestra vida sólo de trabajo duro y eficiente. Nuestro compromiso apostólico será más rico y estará más profundamente arraigado si también hay suficiente lugar para la reflexión y la oración; para contactos realmente humanos; para la participación en la vida comunitaria; para el descanso y la recreación.
Más que el trabajo
30 Una persona es mucho más que el trabajo que realiza. Lo que hacemos es importante, sin embargo, más valioso aún es lo que somos. Esta es la verdadera razón por la cual la vida de quienes no están en condiciones de tomar parte en el ministerio de la Congregación por su edad avanzada, enfermedad o cualquier otra causa, pueden seguir creciendo y siendo valiosos para ellos mismos, para nuestra comunidad apostólica y para muchos otros.
El apostolado y la vivencia de los votos
31 En el día de nuestra profesión, al pronunciar nuestros votos, expresamos el deseo de hacernos libres para Dios y de consagrarnos a El. Consagrarse a Dios es imposible sin entregarse también al prójimo, sin demostrarle nuestra atención amorosa. Nuestros votos y nuestro apostolado no se pueden separar. Viviendo los votos enriquecemos nuestro espíritu apostólico y al mismo tiempo esperamos que nuestras actividades apostólicas profundicen la vivencia de nuestros votos.
El apostolado y la comunidad
32 Reconocemos el ideal personal en cada uno de nuestros hermanos y todos nos sentimos sustentados por el espíritu apostólico que animaba a nuestros Fundadores. Este es un lazo que nos une y que refuerza nuestra comunidad. Al mismo tiempo, esta comunidad apoya e inspira a cada hermano en su ministerio, no sólo a través de un discernimiento comunitario, hecho con fe, sino también a través de un apoyo e interés efectivos, con empatía y comprensión, prestando una atención especial a los hermanos que experimentan problemas en su trabajo.
"Cuando uno sufre, todos los demás sufren con él, y cuando recibe honor, todos se alegran con él." 6)
El apostolado y la oración
33 Nuestra vida de oración está marcada por nuestra motivación apostólica y nuestra motivación apostólica se enriquece por nuestra oración. Como personas creyentes estamos abiertos a nuestros semejantes y junto a ellos nos presentamos ante Dios.
Unidad en amor
34 Nuestro espíritu apostólico impregna nuestra vida comunitaria fraterna, nuestra oración y nuestra vivencia de los votos. Y a su vez nuestra vivencia de los votos, nuestra oración y toda nuestra vida comunitaria impregnan nuestro apostolado.
Cuanto más profundas sean nuestras vidas y más intensa nuestra búsqueda del Dios Amor, más armonía y unidad habrá en toda nuestra vida, y toda nuestra vida se convertirá en amor. "Dios es amor" 7) y en El todo confluirá en amor.
Un solo corazón y una sola alma
35 "Este es mi mandamiento: que se amen unos a otros." 8) Juntos como hermanos intentamos cumplir con esta misión de Cristo y hacemos nuestra la Buena Nueva de la llegada del Reino "de justicia, paz y alegría" 1). Por eso, impulsados por su Espíritu, igual que los primeros cristianos, queremos tener "un solo corazón y una sola alma" 9): formamos comunidad e intentamos crear comunidad fuera de nuestro propio círculo. Sabiéndonos convocados a la unidad y a la solidaridad fraterna, nos anunciamos a Cristo unos a otros y a todos los demás hombres.
Hermanos unos de otros
36 Nuestra vida se orienta a la felicidad de nuestros semejantes y, en primer lugar, a la felicidad de aquellos con quienes formamos comunidad. Nos llamamos hermanos y tratamos de hacer realidad esta palabra en nuestra vida comunitaria.
Formar comunidad
37 Formar comunidad significa: estar cercanos los unos de los otros en las alegrías y en las penas; querer comprendernos, apreciarnos, animarnos e inspirarnos mutuamente; estar dispuestos a perdonarnos constantemente; "háganse el bien unos a otros y a todos." 10)
Como personas imperfectas
38 Como personas imperfectas sólo podemos realizar lo dicho anteriormente de una manera incompleta e inadecuada. Sin embargo, seguimos esforzándonos por alcanzar este ideal. Continuamente tratamos de ver y apreciar lo positivo en nuestros hermanos, a pesar de sus debilidades humanas, a pesar de los disgustos y desilusiones que nos causamos. Así, a pesar de todo, el dolor que nos infringimos puede también hacernos crecer en un nivel humano más profundo, y acercarnos más unos a otros, agradecidos por todo lo valioso que podemos experimentar juntos.
Crecimiento personal
39 En la medida que crezcamos como personas verdaderamente maduras y espiritualmente valiosas, significaremos más para nuestra comunidad fraterna. Nosotros lograremos una responsabilidad compartida; expresaremos nuestro sincero parecer cuando sea conveniente; estaremos dispuestos a escuchar a los demás y a aceptar su ayuda y apreciaremos a los otros tal como son. Así seremos capaces de entregarnos a los demás sin perder nuestra personalidad.
Preocupación por los necesitados
40 En una comunidad verdaderamente unida se cuida con cariño a los hermanos enfermos, a los mayores y a los necesitados; a quienes, por alguna razón, pasan por tiempos difíciles. Siempre que convenga y sea posible, se les proporcionará una buena asistencia profesional; sin embargo, esto no es suficiente. Ellos también necesitan de los demás el interés personal, la compasión y la comprensión. Las pequeñas muestras de aprecio son de gran valor.
Diálogo, contacto y deliberación
41 Para la unidad, la edificación y el funcionamiento de nuestra congregación son esenciales el diálogo, el contacto mutuo y la discusión sincera. En una verdadera comunidad de hermanos las conversaciones se caracterizarán por el respeto mutuo, a pesar de las diferencias de opinión; por el amor fraterno y por la preocupación continua del uno por el otro; por el privilegio de compartir la motivación apostólica de cada uno y por saber estar atentos a las penas y alegrías de cada hermano.
Modos de deliberación
42 Los capítulos y los encuentros comunitarios son importantes para un fiel y común discernimiento de lo que Dios nos pide (ver Tercera Parte). Por ello damos un gran valor a dichos encuentros. Sin embargo, otras maneras de deliberación más informales también pueden ser de gran utilidad para la vida comunitaria fraterna y para nuestra acción apostólica.
Unidad en la diversidad
43 Nuestra congregación se divide en provincias y una provincia está formada por cierto número de comunidades (ver Tercera Parte). Nuestra unidad congregacional es una unidad en la diversidad. Buscamos la unidad, pero respetamos la diversidad que existe dentro de ella. Hay diferencias de idiosincrasia, idioma y cultura; diferencias por situaciones eclesiales, nacionales o locales; diferencias en posibilidades y anhelos apostólicos; y también diferencias que provienen del carácter, talentos personales y experiencias.
Formamos una sola congregación, sin embargo, esto no nos sujeta a una rígida uniformidad. Las personas, las comunidades y las provincias difieren entre sí. Siempre que esta diversidad se ponga en práctica correctamente tendrá un efecto profundizador y enriquecedor. La diversidad no tiene por qué dañar nuestra unidad. Desde la diversidad podemos seguir formando una comunidad fuerte y ser reconocidos como hermanos unos de otros y miembros de una misma y única Congregación.
La vida comunitaria
44 Todos los hermanos viven en una casa de la Congregación. Solamente en casos especiales y con el consentimiento del Superior Provincial está permitido apartarse de esta regla.
Los hermanos de una misma casa forman una comunidad. Como hermanos debemos tratar de transformar nuestras comunidades en auténticas comunidades de amor. Formar juntos una comunidad de hermanos significa: crecer en armonía y atención por el otro, acompañarnos y estar realmente cerca del otro como hermano, mostrar interés en el trabajo del otro, preocuparse sinceramente por la felicidad personal de cada uno de los de la casa, hacer que la vida sea buena y valiosa. En nuestro esfuerzo por alcanzar esto aceptamos que todos tienen derecho a ser como son, y que debemos complementarnos mutuamente.
"Acójanse mutuamente como Cristo los acogió para gloria de Dios." 11) d)
Estar juntos
45 Conviviendo en la misma casa como hermanos podemos expresar y promover nuestra solidaridad fraterna de muchas maneras. Ya mencionamos el estilo de las reuniones comunitarias. La celebración de la Eucaristía y la oración comunitaria expresan nuestra unidad en la fe y refuerzan nuestra solidaridad. Además, el estar juntos en nuestras comidas y en los momentos de recreación puede llegar a ser un signo de unidad y, a la vez, puede promoverla. Nos llamamos hermanos y queremos estar cerca unos de otros. Por eso valoramos el estar presentes en los encuentros de la comunidad.
La comunidad más amplia
46 No sólo la comunidad local puede recurrir a nosotros, sino también la comunidad más amplia de la provincia o toda la Congregación: en los casos de traslado, nombramiento, encargo, petición de ayuda o cuando cuentan con nuestra cooperación en la toma de decisiones.
En estos casos es necesario subordinar las propias preferencias y deseos al interés de la comunidad. Esto puede ser difícil, sobre todo cuando nuestras opiniones personales difieren de las opiniones de quienes ejercen autoridad. Sin embargo, nos hemos comprometido con esta comunidad y queremos cumplir nuestra palabra.
Organización
47 Cada vida humana requiere de cierta organización. Es bueno adherirse a ciertos reglamentos para que nos sirvan de apoyo. Cuando se trabaja y se vive juntos se necesita además una organización comunitaria. Así, como Congregación, sentimos la necesidad de establecer acuerdos que nazcan de ella misma, que se orienten al bienestar de la comunidad y que puedan cambiarse cuando lo requiera el interés de la misma.
Las constituciones y los estatutos
48 Por esta razón se redactaron nuestras constituciones. De ellas dependen nuestro Estatuto Congregacional y los Estatutos Provinciales.
Las Constituciones, el Estatuto Congregacional y los Estatutos Provinciales en su conjunto constituyen el derecho propio de la Congregación. Este derecho expresa el espíritu según el cual intentamos vivir, el fin que perseguimos y los detalles que fijamos para alcanzarlo.
La dirección fraternal
49 En nuestra comunidad necesitamos también hermanos que dirijan. Deben hacerlo según el Espíritu de Jesús, quien dijo de sí mismo que no había venido "para que le sirvan, sino para servir." 12)
La tarea de los que ejercen la autoridad
50 De los hermanos que ejercen la autoridad se espera que inspiren y estimulen, que fomenten la mutua unidad y la cooperación y que guíen nuestra comunidad mediante una organización y ordenamiento eficaces. Se espera de ellos que estén atentos a lo que suceda entre los hermanos; que muestren comprensión en las dificultades y los sufrimientos humanos; que señalen faltas, errores y debilidades y que actúen con firmeza y autoridad cuando sea necesario.
Tarea de todos
51 Es cierto que los que ejercen la autoridad tienen un deber especial. Pero no sería correcto desligarnos de nuestra propia responsabilidad dejando todo en manos de los que dirigen. Cada uno debe estar preocupado por la felicidad de sus hermanos. Cuanto mejor vivamos este apostolado en casa, tanto mejor irradiaremos la felicidad a nuestro alrededor.
Comunidad abierta
52 Fortalecidos por la solidaridad fraterna en la propia comunidad, esperamos en los contactos hacia afuera acercarnos con amor a nuestros semejantes.
Formamos una comunidad que está abierta hacia los demás. En primer lugar hacia aquellos por quienes trabajamos o con quienes colaboramos, luego a nuestros parientes, conocidos y a toda clase de personas con quienes nos encontremos en diversas situaciones.
Como comunidad abierta esperamos también recibir mucho de los demás, estamos atentos a los signos de los tiempos, luchamos por la justicia y el derecho, y estamos orientados hacia la paz.
Como comunidad abierta tenemos vivo interés por el ecumenismo, por la suprema unidad que en Cristo abarca a todos los hombres.
La hospitalidad
53 Como comunidad abierta estamos llamados a practicar una gran hospitalidad. Los huéspedes deben sentirse con nosotros como en su propia casa.
Aparte de esto, cada comunidad tiene también derecho a la privacidad. Una parte de nuestras casas quedará siempre reservada para los propios hermanos.
Creer
54 Creer es admirar gozosamente el misterio más profundo de nuestra vida. Creer es atreverse a vivir con este misterio.
Creer no es el resultado de nuestros propios esfuerzos y nunca puede ser impuesto. Creer es dejarse llevar por la gracia de Dios. Creer en Dios significa, en su sentido más profundo, osar entregarnos incondicionalmente a El. Esta entrega se basa en una confianza ilimitada y es impulsada por el amor, ya que El nos ha amado primero.
"Dios es amor" 7). Su amor nos sostiene a nosotros y a toda la creación. Su amor es el fundamento más profundo, el misterio más hondo de todo cuanto existe.
Dios en nuestra vida
55 Por nuestros propios esfuerzos nunca podríamos llegar a una relación personal con Dios. Pero Dios se revela a sí mismo. Podemos llegar a conocerlo en la fe. De esta manera se hace asequible en nuestra existencia terrenal y nos invita a compartir la vida con El.
Creyendo en Dios, vemos nuestra vida cotidiana bajo una nueva luz; se nos da la oportunidad de tener una relación amorosa con el Dios de Amor.
Creyendo en Dios, experimentamos su amor y lealtad en toda la creación y en todas las circunstancias de nuestra existencia cotidiana. Creyendo en Dios, podremos descubrirlo si amamos a nuestros semejantes y si experimentamos el amor de ellos. Creyendo en Dios, muchas veces conoceremos la oscuridad, pero aún así, su amor nos envuelve como un manto protector.
Jesucristo
56 La revelación sublime del amor de Dios es Jesucristo. En El, el Dios infinito aparece entre nosotros en una manifestación terrenal finita. Jesucristo, Dios con nosotros; Jesucristo, nuestro hermano, en todo semejante a nosotros, menos en el pecado.
Su ejemplo y su preferencia
57 En el Evangelio aprendemos a conocer a Jesús. El nos revela la imagen del hombre que cumple plenamente la misión de Dios. El nos enseña a amar tiernamente todo lo creado. El llega a ser todo para todos. El se fija en las necesidades humanas y se preocupa en primer lugar de los pobres y los necesitados. El Hijo de Dios nos conduce hacia esos pobres y necesitados; y, al revés, cuando nosotros buscamos a los pobres y necesitados, ellos nos conducen a Jesucristo, hacia Dios.
La cercanía de Dios
58 "Yo y el Padre somos uno" 13). Con estas palabras Jesús expresó su más completa unión con el Padre. Nosotros también podemos experimentar esa cercanía amorosa de Dios en nuestra vida diaria. Buscamos la experiencia explícita de su presencia amorosa:
- cuando oramos,
- cuando nos abrimos a la Palabra de las Escrituras,
- cuando recibimos los sacramentos.
La oración
59 Una continua preocupación por la oración comunitaria y personal es parte esencial de nuestra vida como religiosos. Queremos ser hombres de oración y entretejer progresivamente toda nuestra vida con momentos de oración.
Dirigida hacia Dios
60 En la oración buscamos el amor y la gracia de Dios. En la oración esperamos abrirnos cada vez más a su voluntad y lograr una sensibilidad al discernimiento de espíritu. En la oración intentamos descubrir su voluntad para cada uno de nosotros y para nuestra comunidad.
Oración y vida
61 Orar es buscar a Dios a tientas en el amor. Esta búsqueda de Dios no se puede separar de nuestra vida diaria. Sólo podemos orar sinceramente a "nuestro" Padre si en la oración nos sentimos unidos a nuestro prójimo y si, en la vida cotidiana, estamos dispuestos a vivir de acuerdo a nuestra fe en el Dios del amor, actuando siempre en beneficio de la felicidad de nuestros semejantes. El amor al prójimo es la expresión de nuestro amor a Dios. La oración sincera requiere de amor verdadero al prójimo, pide un amor activo. Esto significa que nuestra oración estará alimentada por nuestra misión y nos llevará nuevamente a nuestro apostolado.
Tiempo para la oración
62 En cualquier situación que estemos y por muy duro que sea nuestro trabajo, es necesario destinar en nuestra vida momentos para la reflexión personal y comunitaria. Momentos en que "sin hacer nada" estemos en Cristo con Dios. Si pasamos esto por alto, descuidaremos una faceta esencial de nuestra vida religiosa. Nuestro apostolado, por lo tanto, sufrirá también con ello, porque es especialmente en Cristo donde aprendemos en forma más profunda el sentido de ser-hombre por los demás.
Constancia y fidelidad
63 La oración pide valentía y fidelidad, exige constancia. Nos cuesta liberarnos del trajín diario y de darnos el tiempo necesario para ella. Nuestra oración será de poco valor, si solamente oramos cuando nos surge espontáneamente. Por esta razón es necesario que, personal y comunitariamente, organicemos la oración. Sin embargo, no sólo dicha organización es importante, también es vital que todo el ambiente de la comunidad apoye la oración personal y comunitaria.
La oración comunitaria
64 Nuestra oración comunitaria debe estar bien preparada y realizada de una manera adecuada y fiel a la vida. En nuestras comunidades nos juntamos para orar por lo menos una vez al día. A través de nuestra oración comunitaria queremos también compartir la oración de la comunidad mayor que es la Iglesia. En este contexto es apropiado dar en nuestras oraciones un lugar destacado a los salmos y a otros textos de la Sagrada Escritura. Además de esto, es deseable mantener una estrecha relación entre la oración comunitaria y nuestra vida diaria.
La oración personal
65 Cada día tenemos que procurarnos el tiempo adecuado para la oración personal y para la meditación. Oración personal no significa que haya que orar siempre espontáneamente y con nuevas palabras. Las oraciones existentes pueden servirnos de apoyo e inspiración siempre que se recen de manera atenta y meditada y, si fuera necesario, se adapten a las circunstancias personales.
Igualmente, la meditación es de esencial importancia para las personas de vida apostólica activa.
La mejor forma de oración es aquella en la que Dios se revela más hondamente, ya sea oración oral o mental, lectura meditativa o un sentimiento profundo de amor y de entrega.
Crecimiento
66 Como todo ser vivo, la vida de oración está sujeta a crecimiento y desarrollo. A medida que madure necesitará cada vez menos palabras y consistirá cada vez más en estar solamente en la presencia de Dios por la fe, la esperanza y el amor.
Cada vez más, experimentaremos a Dios presente en nuestra corriente vida diaria, en todos y en todo. La vida de oración y la vida diaria se funden gradualmente. El crecimiento en la oración trae consigo, como en cualquier otro crecimiento, una dolorosa purificación. Tenemos que liberarnos de nosotros mismos para llegar a la unión con Dios y con nuestro prójimo.
Crecer en la vida de oración es imposible si no crecemos cada día en amor.
Períodos más largos de oración
67 Es conveniente incorporar períodos más largos de oración y de reflexión en nuestra vida. Son de vital importancia para un mejor conocimiento de nosotros mismos y de nuestra vida de religiosos, para un contacto personal más intenso con Dios, para estar abiertos a su Espíritu y para profundizar nuestro compromiso apostólico. En cada provincia se toman acuerdos sobre retiros anuales y otros momentos de reflexión de mayor duración. e)
La Sagrada Escritura
68 Deseamos abrir nuestra mente a la Palabra de Dios, leyendo y meditando con frecuencia los textos de las Escrituras. En la Biblia leemos cómo Dios se da a conocer haciéndose presente en nuestro mundo y en la historia de la humanidad, es decir, revelándose.
El Antiguo Testamento nos relata la historia de un pueblo con su Dios, y la de este Dios, Yavé, con su pueblo.
En el Nuevo Testamento, las primeras comunidades cristianas nos revelan a Jesús de Nazaret como el Mesías, el Cristo, Palabra hecha carne, Imagen del Dios vivo, Hijo que ora al Padre y que nos enseña la forma de orar, hombre que se hace todo por todos y que proclama la Buena Nueva. f)
La regla de vida más importante
69 Aceptamos la Buena Nueva de Jesús como nuestra Regla de Vida más importante. Consideramos su palabra y ejemplo como nuestra guía. Deseamos crecer hacia El, identificándonos cada vez más con su vida. Así esperamos poder decir cada vez más: "Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí." 14)
La eucaristía
70 La celebración más perfecta de esta unión con Jesucristo y del misterio del amor es la Eucaristía. Además, la Eucaristía es la celebración de la unidad de unos con otros y con todos los hombres en Cristo. "El pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan." 15) g)
Auto-sacrificio
71 La unidad más perfecta se alcanza por el más alto sacrificio de sí mismo. Quien desea estar unido a otros debe arriesgarse a sacrificarse por los demás. Jesucristo lo hizo, y en la Eucaristía conmemoramos este auto-sacrificio. Agradecidos conmemoramos su vida, su muerte y su resurrección. En la celebración eucarística expresamos nuestro deseo de seguir el ejemplo de Jesús y nos ofrecemos en amorosa auto-donación a nuestro prójimo. De esta manera la Eucaristía queda estrechamente relacionada con nuestra vida diaria. Por eso tratamos de participar diariamente en la Eucaristía en cuanto sea posible.
Culpa y penitencia
72 A pesar de las mejores intenciones, cada uno de nosotros falla en la realización del ideal. La culpa personal y colectiva es una dura realidad en nuestra vida. Y por ello, damos mucha importancia al examen de conciencia, a celebraciones en las que el reconocimiento de nuestra culpa y la disposición a hacer penitencia ocupan un lugar central, a celebrar con frecuencia el sacramento de la Reconciliación de manera realmente provechosa. Tomando en cuenta todo esto, es bueno estar conscientes de que Jesús nos enseñó a rezar: "Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden." 16)
Con frecuencia debemos darnos mutuamente y dar a los que nos han ofendido la gracia del perdón. h)
Confianza
73 Seguimos siendo personas que no alcanzamos el ideal, aún así siempre podemos confiar en el amor ilimitado de Dios. El nos amó primero y sigue amándonos. Constantemente podemos poner nuestra esperanza en El, incluso cuando nuestra conciencia nos condena, "porque Dios es más grande que nuestra conciencia y lo conoce todo." 17)
El sacramento de los enfermos
74 Es testimonio de nuestro amor fraterno asegurar que también nuestros hermanos enfermos reciban el apoyo espiritual que necesitan. Para los hermanos que están muy graves, el sacramento de los enfermos puede ser muy significativo.
María
75 La revelación más perfecta del amor de Dios es Jesucristo. De todos los seres humanos, María es la que está más íntimamente unida a Jesús. Ella es su Madre y es llamada Madre de todos los fieles.
Nuestras vidas como hermanos han sido puestas bajo su especial protección. Esto se pondrá de manifiesto en la oración y en la reflexión. Sus fiestas, especialmente la fiesta de su Inmaculada Concepción, se celebran con cariño en nuestra congregación. Meditamos sobre su vida y nos dirigimos a Ella en nuestra oración personal y comunitaria. Además de otras oraciones, es valioso el rezo del rosario.
Las formas de expresar nuestra unión con María son muy variadas. Sin embargo, es característico de la Congregación que cada hermano dé en su vida un lugar de honor a la Madre del Señor.
Como personas de vida apostólica, deseamos que María nos inspire en el servicio y en la solidaridad con otros, en la delicada preocupación por las necesidades humanas, y en el compromiso con la verdad y la justicia. i)
Como hermanos
76 Como hermanos de esta Congregación nos comprometemos plenamente al servicio de Dios y la llegada de su Reino. Por amor nos consagramos a El que es Amor y en El nos consagramos también unos a otros y a todos los hombres.
Nuestros votos
77 Tratamos de expresar esta consagración en toda nuestra vida. Lo hacemos según el espíritu del Evangelio, entre otras cosas, comprometiéndonos con votos a la obediencia, a la pobreza y al celibato evangélicos por causa del Reino de Dios.
Toda nuestra vida
78 Nuestra consagración y nuestros votos vividos consecuentemente, impregnan toda nuestra vida y se relacionan directamente con nuestro espíritu apostólico.
La obediencia evangélica
79 Nos hacemos hermanos porque deseamos comprometernos plenamente al servicio de Dios y la llegada de su Reino. Siguiendo el ejemplo de Jesús, quien tomó "la condición de siervo ... y se hizo obediente hasta la muerte", 18) nuestra actitud en la vida será de escucha y de obediencia. Tratamos de discernir la voluntad de Dios en lo que nuestra comunidad nos pide, en las circunstancias en que vivimos y en la gente que nos necesita.
Completamente disponibles
80 Según el ejemplo de Jesús, nuestro ideal es hacernos totalmente disponibles con todas nuestras facultades físicas y mentales, con nuestros talentos y habilidades, nuestro tiempo y energía, nuestra iniciativa, creatividad y experiencia de vida, y también con nuestras preferencias y deseos en cuanto al tipo y lugar de trabajo. Por lo tanto, renunciando a nosotros mismos por obediencia según el ejemplo de Jesús, esperamos lograr una vida humana profunda y fructífera.
"Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto." 19)
De acuerdo con nuestro voto
81 Por nuestro voto de obediencia nos obligamos a responder de la mejor manera posible a lo que nos piden nuestros superiores legítimos y la autoridad legítima de la Congregación, de acuerdo a las Constituciones.
De acuerdo con este voto queremos aceptar desde la fe lo que las Constituciones, el Estatuto Congregacional, los Estatutos Provinciales y los Reglamentos Locales nos piden.
Como miembros de esta Congregación estamos sometidos a la autoridad suprema de la Iglesia, tal como está formulado en el Derecho Canónico. j)
La obediencia y el apostolado
82 La obediencia, vivida fielmente, creará óptimas condiciones para el compromiso apostólico de cada hermano en particular y de la comunidad entera.
La obediencia a otras personas
83 Ponernos bajo la autoridad de otros hermanos voluntariamente y por obediencia puede tener profundas consecuencias para nuestra vida, exigiendo a veces mucho de nosotros.
Esto sólo es posible si estamos orientados por la fe hacia la voluntad de Dios. La obediencia así vivida, puede proporcionar libertad y disponibilidad gozosas tanto en la propia vida personal como en la vida de la comunidad en su conjunto.
La iniciativa y el discernimiento
84 El voto de obediencia no nos pide renunciar a nuestra conciencia o responsabilidad. No es posible, ni lo deseamos. No pretendemos llegar a ser personas pasivas, carentes de iniciativa y de discernimiento. Siempre dispuestos a obedecer, deberemos también sentirnos corresponsables. Así nuestra obediencia será una manera de contribuir, como personas realmente libres, al bienestar de la humanidad y al de nuestra propia comunidad.
Los que ejercen la autoridad
85 También los hermanos que ejercen la autoridad deben tratar, en espíritu de obediencia y en constante actitud de escucha, de discernir lo que el Espíritu nos pide.
La pobreza evangélica
86 Nos hacemos hermanos porque deseamos comprometernos plenamente al servicio de Dios y la llegada de su Reino. Jesucristo proclamaba ese Reino y en el Evangelio dice: "Felices los pobres, porque de ustedes es el Reino de Dios." 20)
Constantemente manifestaba su preocupación principal por los pobres. Prevenía en contra de la acumulación de tesoros "donde la polilla y el gusano los echan a perder" 21), y El mismo vivía con sencillez y moderación.
Los primeros cristianos
87 De los primeros cristianos que deseaban vivir según el Espíritu de las palabras y del ejemplo de Jesús se dice que tenían "un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba como suyo lo que poseía." 22)
Seguir a Cristo
88 Tal como los primeros cristianos deseamos vivir en comunidad de bienes. Como ellos queremos vivir según la palabra y el ejemplo de pobreza de Cristo. Respecto al uso del dinero y de los bienes y de cuanto ganemos o recibamos nos ponemos, personal y comunitariamente, a disposición de la comunidad, para contribuir al crecimiento del Reino de Dios y del mundo nuevo de "justicia, paz y alegría." 1)
Finalidad de este voto
89 Hacemos voto de pobreza. Esto significa que nos hacemos dependientes de la Congregación y de sus autoridades en el uso y disposición del dinero y de los demás bienes. k)
Según el espíritu de este voto, nuestro estilo de vida como personas y como Congregación debe caracterizarse por la moderación. Según el mismo espíritu, en asuntos económicos tenemos especial preocupación por los pobres y necesitados.
En el espíritu de este voto nos orientamos hacia la justicia y la ayuda a la gente necesitada, y nos oponemos a la explotación y a las estructuras económicas injustas.
Moderación
90 En la vida personal y comunitaria, queremos evitar todo lo que pueda considerarse afán de riqueza, poder y prestigio, deseo de lucro y propiedad. La instalación de nuestras casas, nuestras comidas y recreación, nuestra manera de vestir y toda nuestra vida diaria deben expresar un estilo de vida sobrio y moderado.
En la sociedad los hermanos somos reconocidos por nuestro propio distintivo congregacional. l)
Solidaridad
91 No pretendemos vivir en extrema pobreza material, ni en miseria. Sin embargo, como comunidad apostólica queremos, también en el uso y la administración de nuestros bienes, orientarnos hacia la solidaridad con los pobres y necesitados. Según el Espíritu de Jesucristo queremos estar abiertos a nuestros semejantes, compartir con ellos, estar atentos a sus necesidades y no enriquecernos a su costa.
Llegar a ser personas libres
92 Llevando una vida austera y solidaria, como personas realmente libres, confiamos poder crecer y superar el simple anhelo por las cosas terrenales y pasajeras. Estando dispuestos a desprendernos de la riqueza material, y usando las cosas de esta tierra con respeto y alegría, ayudamos a la construcción de un mundo cristiano y damos testimonio de valores más duraderos.
La responsabilidad personal
93 El hecho de hacernos dependientes de la Congregación en el uso del dinero y de los bienes no quiere decir que deleguemos nuestra responsabilidad personal en quienes ejercen la autoridad. El desprenderse del deseo de dinero y de propiedad es una tarea personal.
Si cada uno de nosotros se esfuerza en no acumular riquezas para sí mismo en la tierra actuará de acuerdo con el espíritu de nuestra comunidad.
El celibato consagrado por el Reino de Dios
94 Nos hacemos hermanos porque deseamos comprometernos plenamente al servicio de Dios y la llegada de su Reino. Cristo aconsejó no casarse "por causa del Reino de Dios" a los que sean capaces de comprenderlo. Creemos, y deseamos comprometernos con esta creencia, que una persona puede estar tan llena de Dios y de la llegada de su Reino, que vive en celibato consagrado y se compromete por medio de un voto.
Unidos a Cristo
95 Cristo mismo es nuestro modelo. Llevando una vida célibe estaba orientado enteramente al Padre y a los hombres. Por amor se dio sin reserva, haciéndose todo para todos.
Inspirados por Cristo e íntimamente unidos a El, nosotros también deseamos que nuestra vida célibe esté marcada por el amor. Por amor queremos estar orientados hacia Dios, hacia nuestros hermanos, hacia nuestros parientes y conocidos, hacia aquellos a quienes dedicamos nuestros esfuerzos, hacia todos con quienes nos encontramos. Preferentemente queremos estar orientados por amor hacia los pobres y necesitados, hacia todos aquellos para quienes también Jesús tenía especial preocupación.
Aceptar las consecuencias
96 La vivencia de nuestro celibato por el Reino de Dios debe caracterizarse por una prudencia respetuosa y una sabia reserva, tal como lo exige nuestra propia naturaleza y el estado de vida por el cual hemos optado.
Apoyarse mutuamente
97 Como hermanos debemos ayudarnos a vivir conforme a nuestro celibato consagrado. Nosotros podemos conseguirlo aceptándonos y compartiendo lo que sentimos y vivimos; siendo cordiales unos con otros; intentando crear un ambiente en el que cada uno se sienta en casa; ofreciendo consejo y apoyo con empatía, guiando a los hermanos en la medida en que dependa de nosotros; creando al interior de nuestra comunidad el ambiente que permita dar y recibir amor. En este contexto, la oración y una ascesis sana se consideran necesarias para cada uno de nosotros.
La dimensión apostólica
98 También nos ayudamos a vivir de manera provechosa nuestro celibato consagrado inspirándonos y apoyándonos en nuestra entrega apostólica. Nuestro celibato por el Reino de Dios no puede separarse de nuestro compromiso con este Reino. La libertad que puede darnos el celibato consagrado y la soledad que a veces conlleva pueden ser enriquecedoras y fructíferas para nuestro apostolado, en unión con Cristo. Ellas pueden llevarnos a una preocupación amorosa y delicada por muchas personas, especialmente por aquellas que reciben poco amor.
La vida en crecimiento
99 Al pronunciar nuestros votos expresamos que, como personas libres, nos hacemos totalmente disponibles. Esto no significa que de forma inmediata estemos ya íntegramente comprometidos. Nuestra tarea es crecer en este sentido, aún en medio de todas las dificultades y decepciones. Es un ideal que anhelamos. Pretendemos acercarnos a ello sin desfallecer, paso a paso, cayendo y levantándonos. Así intentamos crecer en amor, en fe y en esperanza.
Así experimentaremos la alegría de estar unidos a Cristo, a nuestros hermanos y a muchas otras personas.
SEGUNDA PARTE
EL CRECIMIENTO DENTRO DE NUESTRA CONGREGACION
6. EL PERÍODO PREPARATORIO Y EL NOVICIADO
Observaciones previas
100 La Congregación debe asegurar que la formación de los futuros hermanos sea adecuada, eficaz y culturalmente integrada.
Para lograr esto, la influencia de los hermanos encargados específicamente de la formación, así como la de aquellos con quienes los futuros hermanos vivirán, es de gran importancia.
De igual modo, el espíritu de toda la comunidad y el ejemplo de todos nosotros también tienen gran influencia.
Los futuros miembros pueden estar seguros de nuestra oración. Su crecimiento dentro de la Congregación debe ser apoyado por nuestro amor fraterno. Con cuidado y paciencia debe aclararse si ellos realmente comparten nuestros propósitos e ideales y si son aptos para nuestra vida. De la misma manera esto tiene que quedar claro para el candidato.
Período de preparación
101 El que se sienta llamado a compartir nuestra vida pasará por un período de preparación, antes de ser admitido al noviciado. Durante dicho período tendrá la oportunidad de conocer mejor a la Congregación y ésta la de conocerlo a él. Después de este tiempo y siempre que el candidato sea admitido, comienza el noviciado.
El inicio del noviciado señala el comienzo de la vida en nuestra congregación.
El programa de formación
102 Además de una sólida formación teórica es necesaria una introducción práctica a nuestra vida y espiritualidad. El programa de formación debe clarificar cómo pretendemos conseguir que nuestras vidas sean más valiosas como personas, como cristianos y como hermanos por la fe, la esperanza y el amor.
La formación de los candidatos apunta especialmente a lo siguiente:
- Ayudarles a profundizar y enriquecer sus actitudes fundamentales;
- Ayudarles a reflexionar sobre los interrogantes esenciales respecto a su futuro y a su eventual vocación a la vida religiosa. En consecuencia, esto debe ser puesto a prueba también en la vida cotidiana.
- Hacerles sensibles al ideal de los Fundadores y al espíritu de nuestra congregación.
- Dar la oportunidad, tanto a la Congregación como al candidato, de discernir y valorar la situación de modo que se pueda llegar a decisiones responsables.
El maestro de novicios
103 El Superior Provincial, con el consentimiento de sus Consejeros, nombra al maestro de novicios. Este debe tener votos perpetuos y es nombrado por un período de tres años. Puede ser renombrado. m)
La duración del noviciado
104 Para que sea válido, el noviciado durará doce meses transcurridos en la casa del noviciado, sea en forma continua o con intervalos. Después de este período el noviciado se puede prolongar por un cierto tiempo más, pero ordinariamente su duración no debe sobrepasar los dos años.
En caso de duda sobre la idoneidad para la profesión de un novicio el Superior Provincial puede prolongar el período del noviciado hasta un máximo de seis meses. n)
Directrices y disposiciones
105 El Consejo General puede dar directrices y disposiciones generales válidas para todas las provincias en lo que se refiere a la finalidad y la organización del noviciado.
Cada provincia puede formular disposiciones adicionales, las cuales requieren la aprobación del Consejo Provincial. En dichas disposiciones se tomará en cuenta la situación eclesial y social de la provincia.
La admisión
106 Con el consentimiento de sus Consejeros y de acuerdo con las normas del Derecho Canónico, el Superior Provincial admite a los candidatos al noviciado. o)
Casa del noviciado
107 En la fundación, traslado o supresión de una casa de noviciado, se actuará de acuerdo al Derecho Canónico. p)
7. LA PROFESIÓN y la formación continua
108 Con nuestra profesión respondemos a lo que experimentamos como invitación de Dios y nos comprometemos como hermanos con el ideal evangélico de esta comunidad, ideal que hacemos nuestro.
Con nuestra profesión nos consagramos totalmente a Dios y a la llegada de su Reino. Aceptamos el Evangelio de Jesucristo como nuestra primera y suprema norma de vida, y prometemos llevar una vida apostólica junto a nuestros hermanos, según el Espíritu de Jesús y de acuerdo con las Constituciones de la Congregación.
La fórmula de la profesión
109 Yo, hermano ....., deseo consagrarme, como miembro de la Congregación de los Hermanos de la Inmaculada Concepción, a Dios, a la llegada de su Reino y a la felicidad de mis semejantes.
Prometo a Dios vivir en obediencia, pobreza y celibato religiosos según las Constituciones de nuestra Congregación.
Lo prometo por.....(tres años/toda mi vida).
Ruego a mis hermanos que me acojan con amor en su comunidad y pido a Dios que me dé la gracia de ser un buen miembro de ella.
Le pido a usted, hermano........(como Superior General/ como delegado del Superior General), que acepte mi profesión.
Aceptación:
Como Superior General (como delegado del Superior General) acepto tu profesión y declaro que has sido aceptado en nuestra comunidad (por tres años/por el resto de tu vida).
Que Dios te conceda ser feliz y hacer felices a los demás.
La profesión temporal
110 Después del noviciado y previo a la profesión perpetua, sigue un período de profesión temporal.
El que se compromete con votos temporales, lo hace con la intención de comprometerse de por vida en el futuro. Sin embargo, al principio es bueno comprometerse sólo temporalmente. Durante los años de vinculación temporal, puede confirmarse la vocación a la vida en nuestra congregación. Y puede también hacerse evidente que, a pesar de todo, sea mejor hacer una elección distinta.
Duración de la profesión temporal
111 El período de la profesión temporal dura por lo menos tres años y como máximo seis. La duración la determina el capítulo provincial. Si es conveniente, el Superior Provincial, con el consentimiento de sus Consejeros, puede prolongar la duración establecida para un determinado candidato. Sin embargo, el período total de la profesión temporal no debe durar más de nueve años.
Cumplido el tiempo para el que se hizo la profesión, un hermano que lo pida libremente y que sea considerado idóneo debe ser admitido a la renovación de la profesión temporal o a la profesión perpetua. En caso contrario, debe abandonar la Congregación. q)
El permiso
112 Tanto para la profesión temporal como para la profesión perpetua, el Superior Provincial debe dar su permiso, con el acuerdo de sus Consejeros. Para la profesión perpetua esta aprobación debe ser autorizada por el Superior General, con el consentimiento de sus Consejeros.
La ruptura del compromiso con la Congregación
113 Los procedimientos a seguir en asuntos relacionados con el cambio a otro instituto, con la exclaustración y con la ruptura del compromiso con la Congregación están especificados en el Derecho Canónico. r)
El apoyo de la comunidad
114 Al aceptar la profesión de un hermano nos comprometemos como Congregación a apoyarlo en todo sentido a vivir su vocación.
La formación permanente
115 Es evidente que los hermanos jóvenes necesitan dirección y supervisión. La formación sistemática y bien orientada debe prolongarse por unos años después de la admisión del hermano a la Congregación. A esta formación continua hay que dedicar una atención especial.
Tanto en la vida comunitaria de todos los días como en sus actividades apostólicas, el hermano joven puede contar con el apoyo especial de los hermanos que están en autoridad, con el apoyo de los hermanos con quienes vive, y con la fuerza impulsora que emana de toda nuestra vida. La solidez de nuestra comunidad apostólica y fraterna se demuestra también en la manera en que acompañamos a nuestros hermanos jóvenes.
No sólo durante nuestros años de formación, sino en toda nuestra vida debemos estar abiertos al crecimiento, a la formación y a la profundización del sentido de nuestra vida. Como personas y como comunidad debemos buscar este ideal de diferentes maneras. Esto también es una expresión de fidelidad a nuestra vocación.
Esta nos pide que sigamos preparándonos para nuestra tarea, que estemos al corriente de los cambios en la Iglesia y en la sociedad, que estemos abiertos a los signos de los tiempos y que sigamos creciendo espiritualmente.
En continua fidelidad
116 El día de nuestra profesión prometemos ser fieles, fieles en los días buenos y en los malos.
Habrá días buenos en los que nos sentiremos felices en nuestra comunidad de hermanos tratando de realizar nuestros ideales.
Habrá también días difíciles, en los cuales veremos nuestro ideal muy borroso.
La vida nos trae a cada uno sus decepciones. Puede que las limitaciones y las imperfecciones humanas se hagan sentir fuertemente: las limitaciones de los demás y nuestras propias limitaciones. La vida cotidiana puede hacerse monótona e incolora, sin perspectivas aparentes de mayor crecimiento. Dios y nuestro prójimo pueden parecernos muy lejanos.
En una palabra, la cruz y el sufrimiento entrarán en nuestra vida. En esos momentos debemos estar conscientes, por extraño que parezca, que precisamente este padecimiento puede contribuir a nuestra felicidad más honda y que, de verdad, puede abrirnos al amor.
El sufrimiento bien llevado nos acerca a Dios y al prójimo.
Jesús mismo es nuestro ejemplo. En días malos permaneció fiel a su misión, a su vocación, "obedeciendo hasta la muerte, y una muerte de cruz." 23)
También vemos fidelidad en la vida de María, quien llena de alegría y de fe cantó su Magnificat, y que, en la oscuridad del sufrimiento, tuvo el valor de permanecer junto a la cruz.
Gratitud
117 Es una gracia ser religiosos y vivir como Congregación nuestro ser Iglesia en fe, esperanza y amor. Dios nos llamó a esta vida y nos dio la posibilidad de responder a su llamada. "En Aquel que nos fortalece" 24) orientamos nuestra existencia por los consejos evangélicos y hacemos nuestra la forma de vida que eligió Cristo.
Las acciones humanas siempre serán inadecuadas e imperfectas, pero sabemos que Dios nos lleva en su mano paternal y que estamos en camino hacia la consumación final. Por lo tanto, la gratitud puede añadir más brillo a nuestra vida. Gratitud porque somos personas, cristianos y religiosos.
TERCERA PARTE
EL GOBIERNO Y LA ADMINISTRACION EN NUESTRA CONGREGACION
El capítulo general
118 El Capítulo General detenta la autoridad suprema en la Congregación. Representa a toda la Congregación y ejerce, mientras que está reunido, la dirección extraordinaria de ella sin restar nada al gobierno ordinario del Consejo General. El Superior General es el presidente del Capítulo. s)
La tarea del Capítulo General
119 Es tarea del Capítulo General mantener vivo el Patrimonio de la Congregación y promover además una apropiada renovación.
El Capítulo General atiende las necesidades espirituales y materiales de la Congregación y dicta normas que son obligatorias para toda la Congregación.
El Capítulo General elige al Consejo General.
Cuanto mejor sea la preparación de las reuniones del Capítulo y cuanto más comprometidas estén las personas implicadas, tanto más fructífera será la sesión del Capítulo.
120 El Superior General convoca el Capítulo General cada seis años, y lo hace a más tardar seis meses antes de terminarse su período de gobierno.
121 Todos los miembros del Capítulo General son convocados por escrito. Los ausentes pierden su derecho a voto. El Capítulo General sólo puede ser abierto y sesionar legítimamente siempre y cuando estén presentes por lo menos los dos tercios de los miembros.
122 El Estatuto Congregacional, ateniéndose debidamente al Derecho Canónico, determina qué materias deben ser consideradas en el Capítulo ordinario de cada seis años.
Los miembros
123 El Capítulo General determina la composición del Capítulo siguiente. El número de miembros elegidos tiene que ser mayor que el número de miembros de oficio.
Son miembros de oficio del Capítulo los miembros del Consejo General y los Superiores Provinciales. Los miembros elegidos para el Capítulo General deben tener por lo menos tres años de profesión.
124 El Capítulo General está legítimamente reunido desde el momento en que el presidente lo haya declarado abierto. El Capítulo, una vez que la tabla haya sido tratada, queda disuelto cuando el presidente, con la aprobación de la mayoría absoluta de los miembros, lo declara clausurado.
Capítulos extraordinarios
125 Se debe celebrar Capítulos Generales extraordinarios:
- cuando el mismo Capítulo General así lo decide;
- cuando más de la mitad de los hermanos lo pide;
- cuando el Consejo General, por razones cruciales, lo decide.
En todos los casos mencionados, el Superior General es el encargado de asegurar que la convocatoria se envíe a tiempo. Los miembros del capítulo deben ser elegidos de acuerdo a las disposiciones adaptadas a la situación, sin que haya desviaciones innecesarias de las disposiciones normales.
Apartarse de decisiones
126 El Consejo General debe atenerse a las decisiones del Capítulo General, a no ser que a su juicio haya razones graves que justifiquen lo contrario y que el Capítulo no pudo prever.
En el Capítulo General siguiente el Consejo General debe responder de las desviaciones de decisiones capitulares.
Composición
127 El Consejo General está formado por el Superior General y sus Consejeros. El número de Consejeros es determinado por el Capítulo General y debe ser como mínimo tres y como máximo seis. El Superior General o su Vicario representan a la Congregación en asuntos legales.
El Superior General
128 El Superior General es elegido por el Capítulo General para un período de seis años y puede ser reelegido para un período consecutivo de seis años sólo una vez.
129 Para poder ser elegido Superior General, un candidato debe tener por lo menos diez años de profesión perpetua.
130 Para ser elegido Superior General, un candidato debe haber obtenido dos tercios de los votos emitidos por los miembros con derecho a voto presentes, sin perjuicio de lo establecido en el artículo 128.
Respecto al procedimiento de votación hay que cumplir con lo siguiente:
Si en la primera votación ningún hermano obtiene dos tercios de los votos, hay que efectuar una segunda votación y si es necesario una tercera.
Si tampoco en la tercera votación ninguno de los candidatos obtiene los dos tercios de los votos, hay que realizar una cuarta votación. El hermano que obtiene la mayoría absoluta en esta votación es elegido.
Si la cuarta votación no da la mayoría absoluta, hay que celebrar una quinta votación. Sin embargo, esta quinta votación se realizará exclusivamente entre los dos candidatos que han obtenido mayor número de votos en la cuarta votación. Si es necesario habrá una votación intermedia para establecer quiénes obtienen más votos. Los candidatos referidos no participan en esta votación intermedia, ni tampoco en la quinta.
En el caso de que en la quinta votación ambos candidatos tengan igual número de votos se considerará elegido el de menor edad.
Los resultados de cada votación se notifican inmediatamente después de ella.
131 Si un hermano es elegido Superior General y no está presente en el Capítulo, debe ser llamado inmediatamente.
Las sesiones se suspenden hasta que llegue.
Si la elección se ha efectuado de acuerdo al reglamento, el presidente o, en el caso de que el mismo presidente haya sido elegido el secretario, declarará legítima la elección y proclamará su resultado.
Los Consejeros Generales
132 Un Consejero General es elegido por el Capítulo General por un período de seis años y puede ser reelegido.
133 Hay que elegir a los Consejeros Generales por votaciones separadas.
Para ser elegido Consejero General un candidato debe haber obtenido dos tercios de los votos emitidos por los miembros con derecho a voto presentes. Si esto no se produce en la primera o la segunda votación, hay que seguir el procedimiento siguiente:
Si en la primera y en la segunda votación ningún hermano obtiene dos tercios de los votos, la mayoría absoluta será suficiente en la tercera votación. Si en la tercera votación no se da una mayoría absoluta hay que hacer una cuarta votación. Sin embargo, esta cuarta votación se realizará exclusivamente entre los dos candidatos que en la tercera votación hayan obtenido mayor número de votos. Si es necesario, una votación intermedia determinará qué candidatos obtienen más votos.
Los candidatos referidos no participan en esta votación intermedia ni tampoco en la cuarta. En el caso de que en la cuarta votación ambos candidatos tengan el mismo número de votos se considerará elegido el de menor edad.
Los resultados de cada votación se notifican inmediatamente después de ella.
134 Si un hermano es elegido Consejero General, y no está presente en el Capítulo, debe ser llamado inmediatamente. Sin embargo, no es necesario interrumpir el desarrollo normal del Capítulo.
135 Después de la elección del Superior General y de los Consejeros, las papeletas de votación serán destruidas inmediatamente.
136 El Consejo saliente deja su cargo tan pronto como el nuevo Consejo ha sido elegido.
El Vicario
137 Después de la elección de los Consejeros, el Capítulo General elige de entre ellos al suplente del Superior General por el mismo período que le corresponde a este último. Este suplente es elegido por mayoría absoluta de votos y se le denomina Vicario.
El Vicario reemplaza al Superior General cuando este último está ausente o incapacitado, y en el período en que el cargo de Superior General haya quedado vacante.
138 De acuerdo con las disposiciones del Derecho Canónico y de nuestras propias Constituciones, los Consejeros del Superior General participan en el gobierno de la Congregación:
- dando consejo y apoyo al Superior General,
- cooperando en la preparación del plan de acción,
- participando en la toma de decisiones,
- prestando ayuda en la ejecución de las decisiones.
139 En los casos mencionados en el artículo 28 del Estatuto Congregacional decide el Superior General con el consentimiento de su Consejo convocado para tal efecto.
140 Las decisiones tomadas por el Superior General, o, por el Superior General con el consentimiento de sus Consejeros, en conformidad con nuestras Constituciones y nuestro Estatuto Congregacional, obligan a todos los hermanos a los que conciernen tales decisiones.
La visita canónica
141 El Superior General o uno de sus Consejeros visitará todas las provincias como mínimo una vez cada seis años. Durante esta visita cada hermano debe tener la oportunidad de hablar con el Visitador.
El Ecónomo y el Secretario
142 El Superior General, con el consentimiento de sus Consejeros nombra:
- al Ecónomo General,
- al Secretario del Consejo General.
Estos hermanos deben tener profesión perpetua. Son nombrados por el período en que el Consejo mismo ejerce su cargo y pueden ser renombrados.
El Secretario
143 El Secretario del Consejo General está a cargo de la secretaría y es responsable de ella.
Se debe redactar acta de cada reunión. El Secretario es el responsable de que se hagan las actas, que serán autorizadas por el Consejo General.
El Ecónomo
144 En los artículos 167 y 168 de estas Constituciones se hace referencia a la tarea del Ecónomo General.
Traslado a otra provincia
145 El traslado de un hermano de una provincia a otra es efectuado por el Superior General, después de haber consultado a los Superiores Provinciales de ambas provincias.
Apartarse de las Constituciones
146 El Superior General con el consentimiento de sus Consejeros, y por razones serias, puede dispensar a una provincia de alguna norma disciplinaria de las Constituciones.
10. LAS PROVINCIAS Y LAS COMUNIDADES
Diversidad en unidad
147 Tanto las provincias como las comunidades funcionarán mejor allí donde estén firmemente enraizadas en la situación nacional o local de la sociedad y de la Iglesia.
Esto traerá consigo diversidad. Esta diversidad será fructífera si, vivida en la fe, es sustentada por la unidad en el compromiso apostólico y por una sincera fraternidad.
Las provincias
148 Una provincia está compuesta por un número de comunidades locales que dentro de la Congregación forman una unidad con un especial compromiso entre ellas. Cada provincia tiene su propio Capítulo Provincial, su propio Consejo Provincial y su propio Estatuto Provincial.
El Capítulo General o el Superior General, con el consentimiento de sus Consejeros, pueden crear o suprimir una provincia.
Con excepción de los miembros del Consejo General, del Ecónomo General y del Secretario del Consejo General todos los hermanos pertenecen a una provincia.
El Consejo Provincial y el Capítulo Provincial
149 El Consejo Provincial está formado por el Superior Provincial y sus Consejeros.
El número de los Consejeros lo determina el Capítulo Provincial y debe constar de tres miembros como mínimo.
150 Para ser elegido Superior Provincial, el candidato debe tener por lo menos cinco años de profesión perpetua.
151 Un Superior Provincial ejerce su cargo durante un período de seis años y puede ser reelegido para un período consecutivo sólo una vez, sin perjuicio de lo que está determinado en los artículos 48 y 49 de nuestro Estatuto Congregacional.
152 Un Consejero Provincial ejerce su cargo durante un período de seis años y puede ser reelegido para períodos sucesivos de seis años, sin perjuicio de lo que está determinado en los artículos 48 y 49 de nuestro Estatuto Congregacional.
153 Nuestro Estatuto Congregacional señala las disposiciones que regulan la constitución del Consejo Provincial y su funcionamiento. Con la misma validez esto se aplica para la composición y el funcionamiento del Capítulo Provincial.
154 El Capítulo General o el Superior General con el consentimiento de sus Consejeros puede, por razones muy serias, declarar nula una decisión de un Capítulo Provincial o de un Consejo Provincial. Las razones de esa anulación deben ser comunicadas.
El Estatuto Provincial
155 Una Provincia tiene su propio Estatuto Provincial, que será elaborado por el Capítulo Provincial o por el Consejo Provincial y requiere la aprobación del Superior General, con el consentimiento de sus Consejeros.
Las comunidades
156 Tanto la creación como la supresión de una comunidad son de la competencia del Consejo General, después del debido contacto con el Obispo Diocesano. t).
El Consejo Local
157 Cada comunidad tiene un Superior Local. Junto con sus Consejeros forma el Consejo Local. En una comunidad pequeña todos los hermanos profesos, junto con el Superior Local, pueden formar el Consejo Local. El Superior Local es el presidente del Consejo Local y de las reuniones comunitarias.
Los Superiores y los Consejeros Locales son nombrados por el Superior Provincial con el consentimiento de sus Consejeros, después de haber consultado a la comunidad respectiva.
Para poder ser elegido Superior Local un hermano debe tener por lo menos tres años de profesión perpetua.
El Superior y los demás miembros del Consejo Local tienen dentro de la Comunidad la tarea de:
- estimular e inspirar,
- coordinar y organizar,
- representar a la comunidad,
- corregir en caso necesario.
El derecho a apelación
158 Un hermano o una comunidad de hermanos que no puede llegar a un acuerdo con el Consejo Local o con el Superior Local tiene el derecho de apelar en primera instancia al Consejo Provincial o al Superior Provincial.
Si no se llega a un acuerdo, el hermano o la comunidad tiene el derecho de apelar al Consejo General o al Superior General. Si no se llega a un acuerdo, entonces decide el Superior General.
Las autoridades superiores no toman ninguna decisión en asuntos serios sin haber escuchado antes a todos los involucrados.
11. LOS BIENES TEMPORALES Y SU ADMINISTRACIÓN
Los bienes personales
159 Antes de emitir los votos temporales traspasamos, con plena libertad, la administración, el uso y el usufructo de nuestros bienes a la persona que deseemos.
A más tardar, antes de la profesión perpetua se debe hacer un testamento que sea válido según el Derecho Civil. La modificación de estas disposiciones y la realización de cualquier acto legal en materia de bienes temporales requieren la autorización del Superior Provincial. u).
160 Conservamos la propiedad de nuestros bienes y el derecho de adquirir otros, pero sólo por herencia y legados.
Con el permiso del Superior General un hermano con votos perpetuos puede renunciar a cualquier herencia obtenida o que pueda obtener posteriormente.
El Superior General puede delegar este derecho a los Superiores Provinciales.
Compartir nuestros bienes
161 Compartir nuestros bienes incluye lo siguiente:
- Lo que ganemos por nuestras actividades pertenece a la Congregación. La Congregación está obligada a proveer los medios para nuestra subsistencia mientras seamos miembros de esta comunidad.
- También lo que se gane en algún trabajo complementario pasa a la Congregación.
- Los regalos personales, una vez aceptados, pertenecen a la Congregación. Su uso es determinado en cada provincia.
- No tenemos cuenta bancaria privada ni cuenta de ahorro privada de las cuales podamos disponer en forma personal.
- Todos los servicios o institutos que de una u otra manera dependen de la Congregación dan cuenta de sus finanzas a ella.
El patrimonio de la Congregación
162 La Congregación, siendo por ley persona jurídica, tiene la capacidad de adquirir, poseer, administrar y enajenar bienes temporales. v)
Los bienes pertenecen a la Congregación en su conjunto, tal como lo entienden nuestras Constituciones.
En los casos en que, históricamente hablando, algunos de los bienes hayan sido adquiridos o inscritos a nombre de provincias o comunidades determinadas u otras entidades relacionadas con ellas, las citadas entidades sólo actúan como tenedoras o administradoras en nombre de la Congregación en su conjunto.
163 Los Superiores Provinciales y sus Consejeros, que según nuestras Constituciones han sido encargados de la administración de alguna parte de los bienes de la Congregación, deben asegurar que estos bienes sean transferidos a una persona jurídica, constituida conforme a las leyes vigentes en el país donde se encuentren dichos bienes, y nombran los miembros de la junta directiva de esa persona jurídica.
164 En la definición de los fines que persiga la persona jurídica a que alude el artículo 163 se debe hacer referencia a lo dispuesto en nuestras Constituciones, y al mismo tiempo se debe incluir la prohibición de modificar los estatutos sin permiso escrito del Consejo General.
165 La persona jurídica, constituida así en conformidad con los artículos precedentes, estará en todo momento obligada a la entrega inmediata de sus bienes o parte de los mismos a la Congregación en su conjunto, o a otra persona jurídica señalada por el Consejo General, cuando éste lo solicite.
166 El Consejo General es el encargado de la gestión y de la administración de los bienes de la Congregación en su conjunto, respondiendo de ellas ante el Capítulo General. Este aprobará tal gestión y administración.
167 El Consejo General recibe en la administración de los bienes la colaboración del Ecónomo General, el cual ejerce su cargo bajo la dirección del Superior General.
El Ecónomo General no es miembro del Consejo.
168 Cada año el Ecónomo General rendirá cuenta ante el Consejo General de la administración de los bienes, según las instrucciones recibidas del Superior General, y de la supervisión de los Consejos subordinados que se le habían encargado.
El Consejo General aprobará anualmente la gestión del Ecónomo General, a base de un informe de auditoría.
169 El Consejo Provincial es el encargado de la gestión y administración de los bienes de la provincia, respondiendo de ellas ante el Consejo General y ante el Capítulo Provincial. El Capítulo Provincial y el Consejo General aprobarán la gestión realizada por el Consejo Provincial.
170 La administración de nuestros bienes y capitales deben estar de acuerdo con el Derecho Canónico y el Derecho Civil.
Estatuto Congregacional
171 En nuestro Estatuto Congregacional se han establecido disposiciones adicionales respecto a los bienes temporales y a su administración.
CUARTA PARTE
172 Estas Constituciones obligan a todos los miembros de nuestra Congregación, excepto en el caso de legítimas dispensas.
173 Si una mayoría de dos tercios de los votos así lo decide, un Capítulo General, con el consentimiento de la Santa Sede, puede introducir cambios en estas Constituciones.
174 El derecho de la interpretación práctica de estas Constituciones compete al Capítulo General o al Superior General con el consentimiento de sus Consejeros. La interpretación auténtica queda reservada a la Santa Sede.
Citas bíblicas
1) Rom 14,17
2) Mc 2,27
3) 1 Co 12,4-5
4) 1 Co 12,14
5) 2 Co 4,5
6) 1 Co 12,26
7) 1 Jn 4,8
8) Jn 15,12
9) He 4,32
10) 1 Tes 5,15
11) Rom 15,7
12) Mt 20,28
13) Jn 10,30
14) Gál 2,20
15) 1 Co 10,16-17
16) Mt 6,12
17) 1 Jn 3,20
18) cfr Fil 2,7-8
19) Jn 12,24
20) Lc 6,20
21) Mt 6,19
22) He 4,32
23) Fil 2,8
24) cfr. Fil 4,13
Referencias
Código de Derecho Canónico = CDC
a. CDC Can. 675
b. CDC Can. 578
c. CDC Can. 675
d. CDC Can. 608, 665, 667.1
e. CDC Can. 663.5
f. CDC Can. 663.3
g. CDC Can. 663.2
h. CDC Can. 664
i. CDC Can. 663.4
j. CDC Can. 590.2
k. Const. Cap. 11 art. 159 - 171
l. CDC Can. 669
m. CDC Can. 651
n. CDC Can. 648, 649, 653
o. CDC Can. 641, 643, 645
p. CDC Can. 647
q. CDC Can. 655 - 658
r. CDC Can. 684 - 704
s. CDC Can. 631
t. CDC Can. 609.1, 616
u. CDC Can. 668
v. CDC Can. 634